martes, 16 de noviembre de 2010

El amor


                                                                        
                                      
"La medida del amor, es amar sin medida."

(San Agustín).


Nos parece la frase idónea para empezar a tratar este peliagudo tema.
No todo el mundo entiende lo mismo cuando se encuentra ante la palabra “amor”, y es un término que está expuesto a cantidad de observaciones.
No obstante, lo tomemos de un modo u otro, creo que es bastante universal que si amamos poniendo unos límites (o como nos expresa San Agustín, medidas) no estaremos experimentando, lo que realmente se entiende por ese amor incondicional que todas las personas hemos querido sentir.

En este mundo en continuo movimiento en el que todos nosotros vivimos, se empieza a valorar más el tema
del
deseo, de la pasión de un momento, que al amor puro que se encuentra en las películas (y que parece que solo se puede hallar allí).
Sin embargo: "El deseo muere automáticamente cuando se logra; fenece al satisfacerse. El amor, en cambio, es un eterno deseo insatisfecho."
 (José Ortega y Gasset.)

Es importante abrir la mente y entender esta diferencia si realmente es afecto lo que se busca.

Pero, si ciertamente nos encontramos ante un deseo tan difícil de satisfacer como nos intenta transmitir Ortega y Gasset, es casi comprensible que se llegue a experimentar una especie de miedo o recelo cuando de encontrarlo se trata. Pero ahí reside su verdadera belleza, pues el dolor está en parte unido al  amor, como dice cierto proverbio turco: 
"Por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil espinas."

Sin embargo hay que retirarse a tiempo cuando el dolor que se siente es mayor que el amor que de una forma u otra lo compensa. El hecho de soportar todo lo que venga no es lo más sano, aunque lamentablemente sí es lo más común.

Para reflexionar acerca de este último dato os dejamos con este relato que consideramos clave para entenderlo mejor.
                                                                    
                                                 100 DÍAS

Cuentan que había una vez un rey muy apuesto que estaba buscando esposa. Por su palacio pasaron todas las mujeres más hermosas del reino y de otros más lejanos; muchas le ofrecían además de su belleza y encantos muchas riquezas, pero ninguna lo satisfacía tanto como para convertirse en su reina.

Cierto día llegó una mendiga al palacio de este rey y con mucha lucha consiguió una audiencia.
-"No tengo nada material que ofrecerte; solo puedo darte el gran amor que siento por ti" - le dijo al rey - " y puedo hacer algo para demostrarte ese amor".

Esto despertó la curiosidad del rey, quien le pidió que le dijera qué sería eso que podía hacer."
- “Pasaré 100 días en tu balcón, sin comer ni beber nada, expuesta a la lluvia, al sereno, al sol y al frío de la noche. Si puedo soportar estos 100 días, entonces me convertirás en tu esposa".

El rey, sorprendido más que conmovido, aceptó el reto. Le dijo:
- "Acepto. Si una mujer puede hacer todo esto por mí, es digna de ser mi esposa".
Dicho esto, la mujer empezó su sacrificio. Empezaron a pasar los días y la mujer valientemente soportaba las peores tempestades... muchas veces sentía que desfallecía del hambre y el frío, pero la alentaba imaginarse finalmente al lado de su gran amor.
De vez en cuando el rey asomaba la cara desde la comodidad de su habitación para verla y le hacía señas de aliento con el pulgar.

Así fue pasando el tiempo... 20 días...50... la gente del reino estaba feliz, pues pensaban "¡Por fin tendremos una reina!"... 90 días... y el rey continuaba asomando su cabeza de vez el cuando para ver los progresos de la mujer. "¡Esta mujer es increíble!" pensaba para si mismo y volvía a darle alientos con señas.

Al fin llegó el día 99 y todo el pueblo empezó a reunirse en las afueras del palacio para ver el momento en que aquella mendiga se convertiría en esposa del rey. Fueron contando las horas... ¡A las 12 de la noche de ese día tendrían reina!
La pobre mujer estaba muy desmejorada; había enflaquecido mucho y contraído enfermedades.

Entonces sucedió. A las 11:00 de la noche de aquél día 99, faltando a penas una hora para que llegara el día 100, la valiente mujer se rindió... y decidió retirarse de aquel palacio.
Dio una triste mirada al sorprendido rey y sin decir ni media palabra se marchó.  

La gente estaba conmocionada. Nadie podía entender por qué aquella valiente mujer se había rendido faltando tan solo una hora para ver sus sueños convertirse en realidad. Había soportado tanto…

Al llegar a su casa, su padre se había enterado ya de lo ocurrido. Le preguntó: --"¿Por qué te rendiste a tan solo unos instantes de ser la reina?"

Y ante su  asombro ella respondió:
-"Estuve 99 días y 23 horas en su balcón,  soportando todo tipo de calamidades y no fue capaz de liberarme de ese sacrificio. Me veía padecer y solo me alentaba a continuar, sin mostrar siquiera un poco de piedad ante mi sufrimiento. Esperé todo este tiempo un atisbo de bondad y consideración que nunca llegaron.
Entonces entendí: una persona tan egoísta, desconsiderada y ciega, que solo piensa en sí misma, no merece mi amor”.

Ante esto solo podemos dejaros con la reflexión de que si una persona no cuida ese amor que se le entrega y no lo aprecia, lo mas justo para ti mismo es una retirada a tiempo. Pues quien no lo valore, no lo merece.
 

2 comentarios:

  1. Cuanta verdad decís en esta publicación.
    Me ha encantado. Como vuestro propio bolg dice.. te hace pensar, reflexionar sobre cuestiones diarias, rutinas.
    Si ese amor que todos queremos sentir se convierte en una comodidad, en una rutina, también deberiamos apartarnos?¿

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  2. Depende si la rutina te provoque felicidad al optener la seguridad de tu pareja o dolor al ver la desgana con la que se enfrenta la relación.

    La rutina no es mala, siempre y cuando el amor, el cariño, el interés, y la felicidad no desaparezcan.

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