domingo, 23 de enero de 2011

El estrés

El último día estuvimos hablando de la tranquilidad, pues ahora vamos a pasar justo ha lado opuesto, 
EL ESTRÉS.



El estrés se puede definir como  la respuesta automática y natural de nuestro cuerpo ante las situaciones que nos resultan amenazadoras o desafiantes. Nuestra vida y nuestro entorno, en constante cambio, nos exigen continuas adaptaciones.
Es decir como ciertas situaciones que se nos plantean en nuestra vida, puede alterar nuestra tranquilidad. A veces este estrés puede derivar en ansiedad, cuando se acaba el estimulo que te estresa, y sigues alterado por la situaciones, lo que en definitiva y en situaciones extremas, puede llevar a un desequilibrio mental.



Hay que tener técnicas para controlarlo, y conocer y controlar aquellas situaciones que nos pueden resultar más estresantes para poder dominarlas mejor.

A continuación vamos a presentar una narración de cómo una situación que en un principio no tiene nada de relevante, se convierte en una situación estresante para la persona que lo sufre en cuestión.


EL ESTRÉS


En un centro comercial, junto al departamento de charcutería, Juan, locutor 
de radio, pretendía hacer una encuesta en directo sobre un tema de 
actualidad. Había elegido el estrés, la mayoría de la sociedad padecía estos 
síntomas siendo una de las principales causas de baja laboral. Comenzó la 
emisión directa diciendo.
– Buenas tardes, señoras y señores radio oyentes. Me encuentro en un gran 
supermercado para hacer unas entrevistas en vivo y en directo y así conocer 
qué opina la gente de la calle sobre el estrés. Considerada como una de las 
enfermedades del milenio y la padece la gran mayoría de los españoles. Para 
situarnos y entender qué es el estrés diré que es un estado depresivo y 
nervioso y puede, incluso, llevar a la esquizofrenia. Estoy en la sección de 
charcutería y a mi lado se encuentra una señora con un chorizo en la mano. 
Parece indecisa en la elección, me acercaré a ella para entrevistarla. 
¡Buenas tardes, señora¡.-
La señora un poco sorprendida respondió. ¿Qué hay joven?. Pregunta el locutor.
- ¿Qué piensa usted sobre la esquizofrenia señora?. 
– La señora, desconcertada, respondió con otra pregunta. - ¿Eso qué es, una 
marca de chorizo?. –
El locutor se encogió de hombros y sonriente respondió. – No señora, yo me 
refiero al estrés, usted ya sabe. –
Ella entendió que el hombre se insinuaba y le paró los pies. – Oiga usted, 
joven. Esas cosa las hago yo con mi Pepe y no creo que a usted le importe 
nada. –
El locutor no salía de su asombro. Intentó tranquilizar a la señora. – No 
señora, usted perdone, creo que no me ha entendido bien. –
Eso no la convenció y mas alterada aún le contestó. - ¡Que sí, coñi. Que 
sí¡. Es usted un pervertido. Se cree que porque tengo un chorizo en la mano 
me va la marcha, pues, usted está muy equivocado. Se confunde conmigo, yo 
soy muy honrada y decente, se entera usted. –
Más confundido, todavía, el locutor no sabía que decir, trató de explicarle. 
- ¡Por favor, señora¡ . No se ponga nerviosa, está usted muy alterada y creo 
que... –
No le dejó acabar la aclaración y ella repetía. - ¡Que sí¡ . Esas guarrerías 
no se le pregunta a una señora respetable. ¿Es qué, por tener un chorizo en 
la mano me cambia la cara?. –
A los tonos de voz, muy altos, el hombre se ruborizó. Por más que pretendía 
calmarla no lo lograba. - ¡Por favor señora¡. está usted provocando un 
escándalo y yo sólo pretendía... –
En ese momento, una de las señoritas del supermercado que se había percatado 
del ajetreo que se estaba produciendo, se aproximó a los dos y preguntó.
- ¿Tiene usted algún problema con el chorizo, señora?. -
La mujer le respondió. – No señorita. Es este joven que me está preguntando 
que si tengo esquizofrenia y el chorizo es para el estrés. Cómo usted verá, 
a mí nadie me dice esas cosas, sabe. –
El locutor no salía del asombro, el embrollo que se había montado escapaba 
de la lógica de la comunicación. Lo más lamentable de todo es que, era en 
directo, la unidad móvil estaba retransmitiendo. El conflicto estaba en 
antena. El locutor quiso explicarle a la chica el entuerto.
- No, no, no. Perdone usted, señora. Mire señorita, yo le he preguntado que 
si el chorizo tiene esquizofrenia y... qué digo...qué si usted padece de 
estrés...tampoco, que si... –
La muchacha lo interrumpió, al ver que el hombre estaba nervioso y no se le 
entendía, ella pensó y dijo. - ¡Hombre, oiga usted¡. No se puede ir por la 
vida insultando a la gente. Lo que haga la señora con el chorizo a usted no 
le importa. –
El locutor quiso hablar. – Que yo no la he insultado, es que... 
– La señora lo interrumpió. - ¡Sí, usted sí me ha llamado esa palabrota que a 
mí me da vergüenza decirla¡.
–Estaba indignada, jamás le había ocurrido nada parecido. El pobre hombre 
quiso intervenir, nuevamente.
-Yo sólo quería saber si... – La dependienta lo frenó diciendo. – Usted no 
tiene por qué saber nada de la señora ni del chorizo, entiende, 
- A la mujer parecía que le iba a dar algo, su estado emocional se disparaba 
hasta el límite de la tolerancia.
- ¡Ay, Dios mío¡ . Si lo único que yo quiero en comprar un chorizo para los 
bocatas de mis niños, ¿por qué, viene este señor y me dice que tiene estrés, 
que si yo quiero esquizofrenia?. Acaso, no tengo yo a mi Pepe para esas 
cosas.- ¡Eso es muy fuerte¡- exclamó la chica y continuó – No le da a usted 
vergüenza decirle eso a una señora. Además, en un sitio como este tan 
respetable. Las cosas que hay que ver en esta vida. –
El hombre, totalmente abatido por el estado de ansiedad que estaba 
padeciendo y por no tener la oportunidad de aclarar el mal entendido se 
alteró y elevó el tono de voz.
- ¡Ya está bien¡. Me van ustedes a escuchar de una vez y... 
– En ese preciso instante, atraído por el escándalo, apareció el vigilante 
jurado del establecimiento que intervino preguntando.
¿Qué está pasado aquí, con tanto alboroto?. –
Rápidamente, la señora tomó la palabra. – Oiga usted, señor vigilante. Este 
pervertido, que tiene un chorizo, va y me dice que si quiero estrés. Como si 
mi Pepe no tuviese de esa esquizofrenia y no llevara chorizo, comprende 
usted. –
El vigilante no se estaba enterando muy bien, pero, al ver el estado de 
ánimo tan alterado de la señora, intentó calmarla.
– Tranquila señora. A ver si me he enterado bien. ¿Qué su Pepe no tiene 
chorizo para el estrés y usted necesita esquizofrenia?. Y este señor le ha 
dicho que... –
La señora no lo dejó acabar las conclusiones. - ¡Anda que este, también¡. 
Que no se ha enterado usted, hombre. Que el chorizo es para mis niños y la 
esquizofrenia es de mi Pepe que, no precisa chorizo porque yo no tengo 
estrés, ¿comprende ahora?. –
La verdad es que no se enteraba de nada. El locutor intervino con una 
exclamación de cansancio.
-¡Por Dios, por Dios¡. –
- Qué por Dios, por Dios. Si todo es por el chorizo. 
– Dijo la señorita. El vigilante preguntó. - ¿El chorizo de quién es?.
– La señora más irritada si cabe se encaró con el vigilante.
– Este hombre parece tonto, no se entera de nada. No le he dicho que el chorizo es de este 
señor y los niños los hago yo con mi Pepe. Y no tenemos esquizofrenia ni 
precisamos ningún estrés, ¿lo ha entendido ya?.
– El vigilante volvió a preguntar. - ¡es qué su Pepe está mal de los nervios, 
señora?. 
- No hombre, es el chorizo. – respondió la señora.
A lo que, la muchacha contradijo molesta. – Oiga señora, el chorizo es de 
máxima calidad. Es exportado de Pamplona. –
La señora le indicó. – No señorita, yo no digo que el chorizo sea malo. El 
chorizo lo tenía yo en la mano, cuando, él ha venido a insultarme primero. 
– Preguntó el vigilante. - ¿Y este hombre quién es, su Pepe?.
– Respondió la dependienta. – No, este señor es el del chorizo. 
– El hombre ya no podía más, haciendo un gesto con las manos y elevando la voz los mandó callar.
¡Que se callen, ustedes¡. El chorizo es de la señora, es para su Pepe y los niños. Lo que yo pretendo es hacer una encuesta.
–Preguntó el vigilante. -¿Sobre chorizos?. –
Respondió el locutor. – No, sobre la gente. –
La señora no se contuvo y exclamó. – Por eso usted me ha insultado, 
llamándome esa cochinada. –
La señorita, también afirmó. – Es cierto, yo lo he escuchado.
– El vigilante seguía sin entender nada, estaba completamente desorientado, volvió a preguntar.
¡Un momento¿, ¿Y qué tiene que ver el chorizo con todo esto?. 
– El locutor le respondió. – El chorizo lo tenía la señora en la mano cuando 
yo me acerqué a preguntarle. –
La señora le aclaró. – Entonces, este joven vino y me preguntó que si tenía 
estrés.
¿Quién el chorizo?. – Preguntó el vigilante. –
La señorita intervino. – No, la señora. –
Volvió a preguntar el vigilante. - ¿Y para qué quiere un chorizo la señora?. 

Le respondió el locutor. – Para los niños y su marido. –
El desorientado vigilante, volvió a preguntar, esperando enterarse de algo. 
– Pero bueno, ¿Y usted quién es?. –
El deshecho locutor, totalmente fuera de sí, rompió a carcajadas. – Yo, yo. 
Ja, ja, ja, ja, ja. –
Todos se quedaron boquiabiertos al ver el comportamiento del hombre. Sólo la 
señora fue la que habló para definir el estado del hombre y lo extraño de 
todo.
– Lo que yo digo, este señor está muy mal. Ya no podemos ni comer chorizo y 
es que están todos locos, locos. -
 



sábado, 15 de enero de 2011

La tranquilidad

Este apartado vamos a hablar de la importancia de la que tiene la tranquilidad para desarrollarse como una persona  completa y equilibrada.
En apartados anteriores hablamos de la felicidad, uno de las características más importantes que debe tener la felicidad es la tranquilidad, ya que si no tenemos una vida calmada, solo pendiente de sobresalto, acabaremos por producir ansiedad, lo que creara como consecuencia a la larga sentimiento de impotencia, afectando a nuestra autoestima, y siendo una espiral de autodestrucción, si desde un principio no sabemos cómo controlar esta ansiedad.
Como dice esta frase de Thomas Jefferson No son las riquezas ni el esplendor, sino la tranquilidad y el trabajo, los que proporcionan la felicidad”. Por una vida sin horizonte sin nada que hacer o obligaciones es una vida vacía y sin sentido, pero hay que pararse y saber cuáles son los limites de las obligaciones, para que no derive en ansiedad. Otra frase que nos, pareció interesantes es la de Cicerón “una vida feliz consiste en tener tranquilidad de espíritu”.
A continuación expondremos un breve relato sobre la tranquilidad espero que sea de vuestro agrado

UN PUEBLO LLAMADO TRANQUILIDAD

Lejos muy lejos donde no pisa la ciudad, existe un pueblo llamado tranquilidad, entre arbustos y árboles se encuentra la felicidad. Entre el ruido del río y el bienestar de esta ciudad se inicia la tranquilidad.
El susurro del viento y el cantar de las aves hacen que este lugar la seguridad.
El pueblo tranquilidad, abundad la honestidad, en el va y viene de actividad, con los hombres y mujeres de buena voluntad.
En este pequeño pueblo, escondido de la ciudad, vive una familia de apellido”Lealtad”, María Lealtad, madre de dos emprendedores niños: Salvador y Ana, frutos del amor con su esposo Juan, que se desvaneció en un día de otoño, en una noche fría, llena de paz.
La luna bajo del cielo a llevarse a Juan; dijo la luna vámonos Juan, terminaste tú trabajo en este bosque de paz, Juan contesto; soy un albañil que ayudo a sembrar los terrenos y construyo viviendas en el pueblo tranquilidad, con la ayuda de mi máquina excavadora, donde iré a llegar, llegaste muy lejos Juan, contesto la luna con un temple de serenidad, terminaste tú trabajo en este espacio terrenal. Tú ayuda es necesaria para construir varias aldeas, en lugar llamado paraíso del encuentro de la paz. ! Vámonos Juan!, el alba esta que revienta en pueblo tranquilidad.
Despídete de tú familia y de tú viejo perro llamado bienestar. Adiós bienestar, sentado en una alfombra de paja, esperando un pedazo de pan, bienestar mueve la cola y ladra para saludar.
Han pasado 2 años, dice María Lealtad, entre recuerdos y sucesos, he trabajado con fuerza y veracidad en la máquina de Juan. Ahora yo soy el albañil, del pueblo tranquilidad excavando, excavando, hoyos de felicidad entre huertos y siembras yo soy obrero ya.
Mis recuerdo no cesan por Juan, el fuego de la chimenea calienta mi hogar, horneando mis pensamientos ante mi amado Juan, fue al lado de mi cama donde estaba el tanque de oxigeno, dice María Lealtad; el ser humano necesita la libertad, para llegar a la tranquilidad y respirar esa libertad, para llegar a la eternidad, le agradezco al tanque de oxigeno, que le enseño a respirar a mi querido Juan…Es hora de borrar los recuerdos, de este aire artificial, es hora de venderlo para nuestro pan..El auxiliar a otras personas del pueblo tranquilidad, con este tanque de oxigeno para que los enseñen a respirar.
Ahora entiendo a Juan, se desprendió del aire artificial y consiguió la libertad del verdadero aire espiritual.
Comenzó el invierno en el pueblo tranquilidad, el tiempo se paraliza y todo queda inmerso de serenidad, entre copos de nieves y el susurro del viento; hoy es un día especial, mis dos copos de nieves inicia un nuevo plan, acompañado por un ángel guardián, mis hijos comienza hoy, una nueva etapa de actividad, agarrados de la mano de su ángel llamado Juan van rumbo a la escuela, para aprender sobre la palabra honestidad y tranquilidad.

martes, 11 de enero de 2011

La verdad

LA VERDAD

La verdad. Peliagudo tema. Es sin duda uno de los más complicados que hemos podido tratar. Y ¿somos nosotras las más indicadas para hablar verazmente sobre la verdad? Perdonad el juego de palabras (risas). Pero en serio, lo vamos a intentar.

Se nos define la verdad como: El significado de la palabra verdad abarca desde la honestidad, la buena fe y la sinceridad humana en general, hasta el acuerdo de los conocimientos con las cosas que se afirman como realidades: los hechos o la cosa en particular;[1] así como la relación de los hechos o las cosas en su totalidad en la constitución del todo, el Universo.”

Bien, ni siquiera los más expertos pueden concretarlo más. Pero también puede llevarnos a pensar en que cada uno puede tener su propio concepto de la verdad. Y entonces, ¿podemos darle un significado universal? Parece que no.

Las frases célebres que podamos leer tampoco nos sitúan ante lo mismo:
Nos dice Mencino: "El camino de la verdad es como una gran carretera. No es difícil de encontrar."
Y en cambio nos señala Demócrito: "La verdad está en el fondo de un pozo."
Entonces ¿la verdad es o no es complicada de hallar? Creo que estamos entrando en una vorágine peligrosa.




Pero si tan fervientemente queremos hallar la verdad, ¿cómo es que la mayoría del tiempo se hace tanto por ocultarla?
Es curioso como reivindicamos con tanta fuerza algo que realmente no queremos conseguir. Es posible que la deseemos solo porque es difícil de obtener y realmente no la entendemos.
Hay que apreciarla para valorarla en su totalidad cuando la hallamos.
Nadie puede pretender tener toda la verdad aunque se imponga a los demás para conseguirla, ya que la verdad “goza” de libre albedrío.
Os dejamos con un cuento, para fomentar vuestra reflexión acerca de todo lo expuesto.

El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime. Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.   --Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.   --He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.   --La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.   --A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?   --Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria. El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:   --De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces. El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio. El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: “Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada”. Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:   --¿Adónde vas?   --Voy camino de la horca para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita. El capitán aseveró:   --No lo creo.   --Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.   --Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.   --Así es -afirmó el ermitaño-. Ahora usted sabe lo que es la verdad... ¡Su verdad! El Maestro dice: El aferramiento a los puntos de vista es una traba mental y un fuerte obstáculo en el viaje interior.

domingo, 19 de diciembre de 2010

La amistad


La amistad es un tema complicado, casi tanto como el amor. Esto es normal debido a que existen distintos tipos de amor:
No es idéntico el amor que se puede sentir por los padres, el que se profesa por los hermanos, o el que se experimenta por la pareja…
Así, el que se aprecia por los amigos, también es distinto pero igualmente importante.
No significa que un tipo de amor sea menor o más fuerte que el otro, simplemente son distintos e incomparables.
De este modo, podemos aceptar la frase Elbert Hubbard (Ensayista estadounidense) que nos dice lo siguiente:

“Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere”.

A raíz de lo anteriormente dicho es considerable el reflexionar acerca de esto.
“La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso, hay que salvarla como sea”.
(Alberto Moravia (1907-1990) Escritor italiano.)

Y sin embargo ¿cuántas veces no nos ha parecido que una persona mantenía una fuerte amistad con nosotros y al llegar los malos momentos hemos apreciado como desaparecía de nuestro lado? Por ello debemos considerar que:
“La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”.
(Rabindranath Tagore (1861-1941) Filósofo y escritor indio.)
“El verdadero amigo es aquél que está a tu lado cuando preferiría estar en otra parte”.


Os dejamos con un video del maravilloso autor Jorge Bucay que seguro que os abrirá los ojos acerca de este tema. Su título es: Quiero





Para finalizar nos gustaría mostraros la siguiente frase que nos ha encantado.
“Amigos son aquellos extraños seres que nos preguntan como estamos y se esperan a oír la contestación”.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La felicidad (V)

Hola a todos y todas, en la siguiente entrada os voy a poner un vídeo del programa de Ratones coloraos de Canal sur, donde su invitado en esta ocasión es Jorge Bucay, que precisamente habla del tema de la felicidad, nos parece muy interesante como habla este hombre, la sencillez y la claridad con la que trata el tema. Espero que os guste.



http://www.youtube.com/watch?v=72hryl6IkoM&feature=fvsr

La felicidad (IV)

CUENTO HINDU

Un gato grande ve cómo un gatito trataba de agarrarse la cola y
le pregunta: ¿Por qué lo haces? Y el gatito dijo: "Porque he aprendido que lo mejor
es la felicidad y mi cola es la felicidad" Y el gato grande le respondió: "Yo también
sé que mi cola es la felicidad, pero me he dado cuenta que cuando la persigo se
me escapa y cuando voy haciendo lo que tengo que hacer ella viene detrás de mí
por dondequiera que yo vaya"


Las personas que se centran en buscar la felicidad, pero no vivirla día a día, nunca podrán ser felices, por que el truco para encontrarla es apreciar el momento, siempre que se hagan las cosas  correctamente, y vivir cada instante con sus pequeños detalles. No esperemos grandes cosas para ser felices, nos quedaremos siempre esperando o puede suceder que cuando se cumplan esos deseos ya no tengan la misma intensidad e ilusión que creías que te iba a proporcionar en un principio.